La hembra sirena en su locura, asesta el golpe del conjuro. El miedo es largo. ¡Huyamos!
El abarrote, el tianguis y la vendimia también construyen el mundo del Antojo.
La hembra sirena en su locura, asesta el golpe del conjuro. El miedo es largo. ¡Huyamos!
El Ángel de noche
Misterioso como el fracaso, tiene el corazón de tinta china y deja flores negras en los puertos para las damas noctámbulas.
Se dice que cuando toca la armónica, las Magdalenas con piel de aceituna pierden el paso como pañuelos en despedida.
Le gusta el juego de las traga monedas. Si tienes morralla déjalas en la puerta de tu casa. Sé generoso.
El Ángel sin nombre
Bruñido y de mármol vestido siempre tiene un nombre distinto. Atrevido y respetuoso vive en cualquier esquina. Apura de un sorbo el celo de los adolescentes. No usa ropa interior, y de vez en cuando reparte nombres en los bautizos.
Al salir el sol se confunde con los cuervos. Ten cuidado, te puede robar tu nombre.
Ángel de la barriga numérica
Una verbena de números primos lo vio nacer en una ecuación de cáscara de limón y de agua de Seltz. Siempre se moja los labios y despeja incógnitas de segundo grado. En los pupitres de los colegios les roba el almuerzo a los niños y se roba las canicas. Sin embargo, ese laberinto numérico le envenena la paciencia y quiere aprender a leer palabras que le digan de que se trata este teatro en el que vive.
El Ángel civilizado
Tiene ganas de llorar el Ángel civilizado, desplumado, mugriento, siempre con pucheros. Carga sus maletas por si encuentra una ciudad que lo detenga. Lo que él quiere como todo Ángel cobarde es juntar para mañana un calor, aunque sea en la celda de la piedad, porque matarse no es morir.
El Ángel híbrido (mayo)
Se escapó en un delirio de alcohol y sueño. Mitad ave y mitad pez, en las barricadas de los precipicios nada y vuela com un humo de salón. Tiene la pasión de la dobles. No cree en las leyendas ni en las balas perdidas. Niega todo, pasado y futuro, tal vez por eso es tan amado.
El trío ángeles (marzo)
Después de una serenata en los confines del cielo, y al tocar todo su repertorio bolerístco, el Ángel del mostacho, primera voz, se enamoro de la Rita.
Desnudos al amanecer, el verano terminó en tragedia. Una broma macabra escurrió por los cristales. Los angelitos no tienen sexo.
Hola y adiós le dijo al sol cuando huyó por esas calles abandonadas repletas de callejones poblados por botellas quebradas. Tanto quería vagar que del cajón angelical sacó sus alas mas sucias y se puso escarcha en el pelo. Tenían razón, su maldad daba risa. Un derroche innecesario para un mundo naturalmente cruel.